Soy pez muerto

No estaba seguro de si era una señal maravillosa o el presagio de un desastre pero sí sabía que yo no había matado ese pez. Solo había amanecido muerto, ahí, flotando entre la comida casi deshecha que le había lanzado el día anterior. Fernanda no podría culparme de esta muerte, aunque sabía que a causa de su pasión por los casos que se quedan en la impunidad, llegaría al fondo de este misterio.

La mañana en que descubrí a Beto muerto, Fernanda había salido más temprano de lo normal. Dado que conozco su rutina, sabía que debía haberse acercado a la pecera, tocado el vidrio y gritado: Or gua Beto! Sí, con su ridículo francés que no estaba dispuesta a olvidar después de sus clases en el colegio hace ya tantos años. Así que, Beto no pudo estar muerto a esa hora, es después de una hora que mi alarma sonó, me levanto y paf! La escurridiza muerte flotando. Eso quiere decir que Beto murió en ese lapso, ese tiempo que estuvo solo el maldito pez le dio la gana de morirse. Yo sabía que se traía algo entre aletas, cómo carajos logró morirse justo cuando Fernanda se iba. Me ha fregado, me ha fregado totalmente, ya decía yo que escuchaba reír a alguien cuando Fer me gritaba por no haberla recogido en su trabajo o cuando llegaba muy noche a casa. Era ese bendito pez que soltaba su risita con sonido a blup, blup, blup.

Pero no me servía de nada lamentarme por no haber adivinado los horribles planes del pez. Entonces, me olvidé de Beto, no toqué su cuerpo por temor a dejar alguna pista que me inculpe y empecé a pensar en cómo abordar el tema cuando llegue Fernanda. Eso me daba un lapso de ocho horas para idear el plan perfecto con el cual yo no salga involucrado.

Así fue que pensé en tres opciones. Ustedes escogerán la que les parezca más conveniente… Aunque igual soy yo el que decido, ¿o no?

Yo tengo toda la culpa

Conociendo el carácter de Fernanda, muchas veces salía mejor nombrarse culpable de una buena vez para que ella no te interrogue. Y es que, le quedaba muy bien ese papel de abogada que desarrollaba profesionalmente, y eso que solo había estudiado leyes por su padre. Gracias a dios solo había sido por su padre, porque si hubiera sido por ella, ahora mismo fuera mejor de lo que es y yo ya habría perdido mi juicio.

En fin, por si acaso me tocaba practicar la acentuación de: “Pardon”.  

Estaba muerto cuando le dijiste “Or gua Beto”

Aplicar la de: estás loca, no funciona mucho con Fernanda, pero podría hacer el intento. Quién sabe si justo el día de la muerte de Beto ella no cumplió con su rutina y en realidad salió corriendo con su botella de agua porque se le hizo tarde. Pero honestamente, me parece muy arriesgado optar por esto.  

Ni idea

La indiferencia. Nada mejor que mostrarle la apatía que siempre había mostrado hacia el pez, porque si lo alimentaba era porque ella lo había anotado en el horario. Solo deseaba cumplir de vez en cuando con las pocas e infantiles tareas que Fernanda me daba. Quién iba a pensar que justo cuando decido cumplir, al día siguiente el puto pez decide morirse.

Ya faltaban pocos minutos para que llegue Fernanda, yo estaba ansioso y mi pierna derecha temblaba como de costumbre, aún no había escogido ninguna opción. Lo iba a dejar a la suerte y a la presión del momento, es que primero tenía que verle la cara para saber cómo actuar. Así son las mujeres, con ellas no solo hay que pensar antes de hablar, sino que hay que meditar, rezar, apostar, sudar y al final dejar que tu boca diga lo que quiera, igual siempre dicen que no hemos entendido nada. No sé por qué me hago tanto drama.

Dieron las siete y Fernanda no llegaba, ya debería escuchar su característico silbido en la escalera. La incertidumbre me mataba así que me fui, salí casi que corriendo del edificio. Apenas llegué a la acera crucé la calle para dirigirme hacia el parque, fue entonces que vi a Fernanda bajarse del taxi. No saben lo que tenía en las manos, era una funda transparente con un brillante pez dorado.

Esperé afuera del edificio para pensar y decidir cuál debería ser mi siguiente paso. Quince minutos después regresé al departamento, entré y Fernanda estaba cocinando, me acerqué y la saludé con un beso en el hombro. Ella hizo una mueca y mientras me retiraba para ir a tomar una ducha, me gritó desde el comedor: Querido, ya voy a servir la comida, ven rápido que se enfría.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s