La soberanía de Dios

Este texto fue originalmente publicado en la revista Wesleyan Accent. Su autor, el Dr. Jerry Walls es profesor de Filosofía en la HBU. Sus intereses principales son la filosofía de la religión, la ética y la apologética cristiana. Es graduado de las universidades de Princeton, Yale y Notre Dame. 

La soberanía de Dios es una verdad de vital importancia que los wesleyanos necesitan recuperar. No solo porque es crucial para entender el drama bíblico, sino también porque muchos wesleyanos han tendido a descuidar esta doctrina porque los calvinistas a menudo dan la impresión de que es una de sus doctrinas distintivas. Pero la soberanía de Dios no es una doctrina calvinista, es una doctrina bíblica y nadie que quiera ser fiel a la Escritura puede darse el lujo de ignorar o minimizar esta gran verdad.

Entonces, ¿qué es la soberanía de Dios? En pocas palabras, es la verdad de que Dios está en control, que tiene el poder supremo. Es la verdad de que Él es el Señor del Universo, de todo el mundo y todo lo que contiene. La soberanía de Dios no siempre es atractiva porque está claramente en desacuerdo con la ilusión popular de que estamos en control. Es una vanidad humana común pensar que nuestras vidas son nuestras, que los seres humanos están ejecutando el show y que no responden a nadie mayor que ellos mismos.

Hay una gran historia en un libro del Antiguo Testamento, Daniel, que ilustra esta vanidad humana y muestra cómo la soberanía de Dios hace añicos la ilusión. El rey Nabucodonosor era un buen rey que había alcanzado un poder impresionante y el éxito. Una noche, sin embargo, tuvo un sueño inquietante y le pidió a Daniel que lo interprete. Cuando lo hizo, Daniel predijo que Dios castigará al rey por su orgullo con el fin de enseñarle quién está realmente en control. En el transcurso de la interpretación, Daniel describe al rey de la siguiente manera: “es usted, oh rey, que se ha hecho grande y fuerte, su grandeza ha crecido y ha llegado hasta el cielo, y su dominio hasta los confines de la tierra…” (Daniel 4:22)

Tenga en cuenta la última línea: la soberanía de Nabucodonosor llegó al final de la tierra. Si alguien tenía razones para pensar que tenía el control, era Nabucodonosor. Pero Daniel le advirtió que su orgullo lo llevaría a su caída, y le instó a arrepentirse y expiar sus pecados. Al parecer, él escuchó, pero su memoria fue corta, un año más tarde, se nos dice que Nabucodonosor se paseaba en el techo de su palacio, admirando su reino, y estaba impresionado consigo mismo: “¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?” (Daniel 4:30)

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“Nabucodonosor” de William Blake

En este punto de la historia, Dios actuó de una manera bastante dramática para traer la verdad a Nabucodonosor. Aunque sus palabras jactanciosas estaban todavía en su boca, se oyó una voz del cielo pronunciando el juicio que iba a perder su reino y que iba a actuar como un animal. Comería hierba con los bueyes, su cabello crecería como plumas de águila y sus uñas como garras largas como de aves. ¿Por qué sucedió esto?  Porque entonces Nabucodonosor se dio cuenta quién estaba realmente en control.

Y él aprendió. Después de un periodo de “siete tiempos” la razón de Nabucodonosor volvió a él, y salió de la experiencia con un mejor control sobre la realidad. He aquí sus palabras en Daniel 4: 34-35.

Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?

Note lo que Nabucodonosor aprendió de su tiempo comiendo hierba. En primer lugar, Dios es el Altísimo, que vive para siempre. El hombre, en cambio, es un ser finito cuya duración de vida no depende de él. Para variar el silogismo clásico que todos los estudiantes aprenden en lógica básica: Todos los hombres son mortales. Nabucodonosor es un hombre. Por lo tanto Nabucodonosor es mortal. Pero Dios permanece para siempre y le debemos nuestra existencia a Él.

En segundo lugar, la “soberanía” de Nabucodonosor, incluso si se extiende hasta los confines de la tierra, es sólo una cosa temporal. De hecho, en el próximo capítulo de Daniel, vemos que el hijo de Nabucodonosor, Belsasar no aprendió del ejemplo de su padre, y su reino se perdió y fue dado a los medos y a los persas. Los reinos se levantan y los reinos caen, y el reino de los medos y los persas también caerían, para ser seguido por otro y así sucesivamente.

Por el contrario, la soberanía de Dios es eterna, y su reino permanece de generación en generación. Sean cual sean los reinos “soberanos” como los de Nabucodonosor están circunscritos a la soberanía de Dios, que es el Señor de toda la historia y está realizando sus propósitos eternos para su creación. Dios tiene el poder supremo, y nada ni nadie puede “detener su mano” cuando decide actuar.

Ahora aquí es un buen lugar para poner de relieve la diferencia entre el punto de vista calvinista de la soberanía de Dios y el punto de vista wesleyano. De acuerdo con el calvinismo clásico, la soberanía de Dios significa que él determina literalmente todo lo que sucede en el sentido de que causa específicamente todo para que suceda exactamente como él quiere.

Esto puede sonar a algo muy piadoso y en un primer momento podría parecer que se está glorificando a Dios. Pero en un examen más profundo, tiene implicaciones muy preocupantes. Desde esta perspectiva, Dios causó el orgullo de Nabucodonosor y luego causó su caída, así como su posterior arrepentimiento. Esta es una visión preocupante porque significa que Dios en realidad causa su pecado y su castigo.

Los wesleyanos están en total desacuerdo. Según el punto de vista wesleyano, Dios no causó el orgullo de Nabucodonosor. Más bien cree que él llegó a eso por sus propias decisiones libres, tomando con orgullo indebido sus logros. Entonces Dios lo castigó para llevarlo a la verdad, con el fin de llevarlo al arrepentimiento. Cuando reconoció la verdad acerca de Dios, fue restaurado a su reino.

Así que de nuevo, la teología wesleyana afirma un fuerte punto de vista de la soberanía de Dios. Dios está en control y nuestras elecciones libres se circunscriben a su voluntad soberana. Eso no quiere decir que Dios causa nuestras elecciones, sino que Dios establece los límites dentro de los cuales se hacen nuestras elecciones libres. Y Dios es siempre libre para demostrar su control soberano si nos olvidamos de que él es Dios y nosotros no.

Traducido por Jonathan y Josselyn

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